

El accidente del reactor nuclear de Chornóbyl, ocurrido el 26 de abril de 1986, ha sido el más grave en la industria de la energía nuclear. El reactor quedó destruido y se liberaron al medio ambiente cantidades considerables de material radiactivo.En unas pocas semanas, el accidente provocó la muerte de 30 trabajadores y lesiones por radiación a más de un centenar. En 1986 las autoridades respondieron al accidente evacuando a unas 115.000 personas de la zona circundante al reactor y posteriormente, después de 1986, reubicaron a unas 220.000 personas de Belarús, la Federación de Rusia y Ucrania. El accidente causó graves trastornos sociales y psicológicos en la vida de la población afectada e inmensas pérdidas económicas en toda la región. Extensas zonas de los tres países quedaron contaminadas con materiales radiactivos y en todos los países del hemisferio norte pudieron medirse radionúclidos procedentes de Chornóbyl.
Hasta el año 2005 se registraron más de 6.000 casos de cáncer de tiroides en niños y adolescentes de Belarús, la Federación de Rusia y Ucrania que habían estado expuestos en el momento del accidente, y durante las décadas siguientes cabe esperar más casos. Aunque también influyó el uso de mejores procedimientos de detección, es muy probable que muchos de esos cánceres fueran causados por la exposición a la radiación poco después del accidente. Aparte de ese aumento, no hay pruebas de que dos décadas después del accidente se hubieranproducido en la salud pública otras consecuencias importantes que pudieran atribuirse a la radioexposición. No hay pruebas científicas de que hubieran aumentado las tasas totales de incidencia o de mortalidad por cáncer ni las tasas de trastornos no malignos que pudieran guardar relación con la radioexposición. En la población general no parece haberse incrementado la incidencia de la leucemia, que es uno de los principales focos de atención debido a que entre la exposición y su aparición se prevé un plazo de tiempo más breve que en los cánceres sólidos. Aunque las personas que estuvieron más expuestas corren un mayor riesgo de padecer efectos asociados a la radiación, lo más probable es que la gran mayoría de la población no padezca consecuencias sanitarias graves por la radiación liberada tras el accidente de Chornóbyl. No obstante, en las poblaciones se han observado muchos otros problemas sanitarios que no guardan relación con la radioexposición.
Los radionúclidos liberados por el reactor a los que estuvo expuesta la población fueron principalmente yodo-131, cesio-134 y cesio137. El yodo-131 tiene un período de semidesintegración radiactiva corto (de ocho días), pero puede introducirse en el organismo humano con relativa rapidez por el aire y mediante el consumo de leche y hortalizas de hoja contaminadas. El yodo se concentra en la glándula tiroidea. A causa de la ingestión de leche y otros productos lácteos por los lactantes y los niños en general, así como a causa del tamaño de su glándula tiroidea y de su metabolismo, las dosis de radiación suelen ser más elevadas en los niños que en los adultos.
De las personas más afectadas por el accidente, se estimó quelos 530.000 trabajadores que realizaron las operaciones de recuperación recibieron en promedio unos 120 mSv;las 115.000 personas evacuadas, 30 mSv; y quienes siguieron residiendo en las zonas contaminadas durante los dos decenios posteriores al accidente, 9 mSv. (A título comparativo, la dosis típica de una sola tomografía computarizada es de 9 mSv). Algunas personas pudieron recibir dosis máximas superiores en un orden de magnitud o incluso más. Además de Belarús, la Federación de Rusia y Ucrania, otros países europeos también se vieron afectados por el accidente. En promedio, las dosis nacionales fueron inferiores a 1 mSv durante el primer año siguiente al accidente y disminuyeron de manera progresiva en los años posteriores. Se estimó que, en promedio, la dosis de por vida en varios países europeos alejados fue de alrededor de 1 mSv. Son dosis comparables a la dosis anual debida a la radiación de fondo natural (el promedio mundial es de 2,4 mSv) y, por tanto, son poco significativas desde la perspectiva radiológica.
La exposición fue mucho mayor para quienes participaron en la mitigación de los efectos del accidente y para quienes residían en las proximidades. Esa exposición se examina minuciosamente en las evaluaciones del UNSCEAR.

El accidente de Chornóbyl causó multitud de efectos radiológicos graves casi de inmediato. De los 600 trabajadores presentes en el emplazamiento durante la madrugada del 26 de abril de 1986, 134 recibieron dosis elevadas (entre 0,8 y 16 Gy) y sufrieron radiotoxemia. De ellos, 28 murieron en el primer trimestre y otros 19 fallecieron entre 1987 y 2004 por diversas causas no asociadas necesariamente a la radioexposición. Además, según el informe de 2008 del UNSCEAR, la mayoría de los 530.000 trabajadores de los que se tiene constancia que participaron en las operaciones de recuperación recibió dosis de entre 0,02 y 0,5 Gy entre 1986 y 1990. Esa cohorte sigue corriendo el riesgo de sufrir consecuencias tardías, como cáncer y otras enfermedades, y por ello su salud será objeto de un seguimiento estrecho.
El accidente de Chornóbyl también provocó una contaminación radiactiva generalizada en varias zonas de Belarús, la Federación de Rusia y Ucrania en las que viven varios millones de personas. Además de causar radioexposición, el accidente provocó cambios prolongados en la vida de las personas que residían en los distritos contaminados, ya que para limitar las dosis de radiación se adoptaron medidas como el reasentamiento, la modificación del suministro de alimentos y varias restricciones en cuanto a las actividades que podían realizar las personas y las familias. Más tarde, a esos cambios se sumaron las grandes transformaciones económicas, sociales y políticas que sobrevinieron tras la desintegración de la antigua Unión Soviética.
Durante los dos últimos decenios, la atención se ha centrado en investigar la asociación entre la exposición a los radionúclidos liberados como consecuencia del accidente de Chornóbyl y sus efectos tardíos, en particular el cáncer de tiroides en niños. Las dosis recibidas por la glándula tiroidea en los primeros meses posteriores al accidente fueron especialmente elevadas en quienes eran niños y adolescentes en ese momento en Belarús, Ucrania y las regiones rusas más afectadas y consumieron leche que tenía una concentración elevada de yodo radiactivo. Hasta 2005 se diagnosticaron más de 6.000 casos de cáncer de tiroides en ese grupo, y lo más probable es que una gran parte de esos cánceres de tiroides pueda atribuirse a la ingestión de yodo radiactivo. Se prevé que el aumento de la incidencia del cáncer de tiroides debido al accidente de Chornóbyl continúe durante muchos más años, aunque es difícil calcular con precisión su aumento a largo plazo.
En los trabajadores rusos que participaron en las operaciones de recuperación y recibieron dosis elevadas de radiación están apareciendo nuevos indicios de un cierto aumento de la incidencia de la leucemia. Sin embargo, según otros estudios, cabría esperar que la incidencia anual de la leucemia inducida por la radiación disminuyera unos pocos decenios después de la exposición. Además, estudios recientes sobre los trabajadores que participaron en las operaciones de recuperación indican que la exposición a dosis de radiación relativamente bajas podría causar opacidades en el cristalino del ojo.
Los 106 pacientes que sobrevivieron a la radiotoxemia necesitaron varios años para que se normalizase totalmente su estado de salud. En los primeros años posteriores al accidente, muchos de esos pacientes padecieron cataratas de relevancia clínica inducidas por la radiación. Entre 1987 y 2006, 19 supervivientes fallecieron por diversas razones; sin embargo, algunas de esas muertes se debieron a causas ajenas a la radioexposición.
Aparte del aumento drástico de la incidencia del cáncer de tiroides en las personas expuestas a radiación a una edad temprana, y de algunos indicios de que ha aumentado la incidencia de la leucemia y las cataratas en el personal, no se ha demostrado a las claras que en las poblaciones expuestas haya aumentado la incidencia de cánceres sólidos y leucemia debidos a la radiación. Tampoco hay pruebas de otros trastornos no malignos que guarden relación con la radiación ionizante. Sin embargo, sí que hubo reacciones psicológicas generalizadas al accidente, las cuales se debieron al miedo a la radiación y no a las dosis reales de esta.
Se tiende a atribuir al accidente de Chornóbyl todo aumento de las tasas de incidencia de todos los tipos de cáncer registrados con el paso del tiempo, pero cabe señalar que en las zonas afectadas también se observaron aumentos antes del accidente. Además, en los últimos decenios se ha registrado un aumento general de la mortalidad en la mayoría de las zonas de la antigua Unión Soviética, lo que debe tenerse en cuenta al interpretar los resultados de los estudios sobre el accidente.
El conocimiento actual de los efectos tardíos de la exposición prolongada a la radiación ionizante es limitado, ya que las evaluaciones de la relación dosis-respuesta se basan en gran medida en estudios de la exposición a dosis elevadas y en experimentos con animales. Mediante los estudios sobre la exposición debida al accidente de Chornóbylse podrían esclarecer los efectos tardíos de la exposición prolongada, pero dadas las bajas dosis recibidas por la mayoría de las personas expuestas, será difícil que el posible aumento de la incidencia de cáncer o de la mortalidad conexase detecte enlos estudios epidemiológicos.
El accidente ocurrido en 1986 en la central nuclear de Chornóbyl fue trágico para sus víctimas y causó grandes penurias a los más afectados. Algunas de las personas que atendieron la emergencia perdieron la vida. Aunque las personas expuestas en su infancia y el personal de emergencias y recuperación presentan un mayor riesgo de sufrir efectos inducidos por la radiación, la inmensa mayoría de la población no tiene por qué vivir temiendo que sufrirán consecuencias sanitarias graves por la radiación derivada del accidente de Chornóbyl. La mayor parte de la población se expuso a niveles de radiación comparables a los niveles anuales de radiación de fondo natural, o unas pocas veces superiores, y la exposición futura seguirá disminuyendo lentamente a medida que se desintegren los radionúclidos. El accidente de Chornóbyl ha perturbado gravemente muchas vidas, pero, desde el punto de vista radiológico, se cree que, en general, las perspectivas sanitarias son positivas para la mayor parte de la población.
From 2003 to 2005 Committee's experts participated in the work of the Chernobyl Forum, whose conclusions (Summary report of the Chernobyl Forum) essentially concur with those of the UNSCEAR 2000 report.De 2003 a 2005, los expertos del Comité participaron en los trabajos del Foro sobre Chernóbyl, cuyas conclusiones (recogidas en el informe de síntesis de ese foro) coinciden en lo esencial con las del informe de 2000 del UNSCEAR.
El Comité participó desde el principio en la evaluación de la radioexposición derivada del accidente y sus efectos en la salud.
En 1988 publicó su primer estudio sobre los efectos agudos de la radiación en las víctimas del accidente de Chornóbyl (informe de 1988 del UNSCEAR, apéndice del anexo G), en el que se examina la experiencia adquirida en cuanto al tratamiento de las lesiones causadas de inmediato por la radiación que recibieronlos trabajadores y bomberos que atendieron la emergencia inicialmente. El Comité publicó también un informe sobre el accidente y sobre la lluvia radiactiva y la exposición derivadas de este a escala mundial (informe de 1988 del UNSCEAR, anexo D). Poco después del accidente se midió y evaluó la dispersión de radionúclidos y la radioexposición resultante en las regiones afectadas. El Comité utilizó esos datos para evaluar las dosis medias recibidas por las personas y por la población en su conjunto en las regiones afectadas y en todo el hemisferio norte.
En 1993 el Comité publicó una evaluación de la exposición a radiación procedente de fuentes artificiales (informe de 1993 del UNSCEAR, anexo B), que resume las conclusiones de la evaluación más detallada de la exposición debida al accidente de Chornóbyl y sus efectos que se realizó en los anexos D y G del informe de 1988 del UNSCEAR.
En 2000 el Comité publicó una evaluación más detallada de los niveles de radiación y sus efectos y, en particular, de la radioexposición debida al accidente de Chornóbyl y sus efectos (informe de 2000 del UNSCEAR, volumen II, anexo J). Para evaluar la exposición de las personas evacuadas o que aún residían en las zonas más afectadas por el accidente se necesitó mucho tiempo y esfuerzo. Las mediciones iniciales se complementaron con información sobre aspectos como la ubicación y la dieta de los habitantes de cada municipio. Para reunir datos sobre los posibles efectos tardíos en la salud también se necesitó tiempo.

En 2001 el Comité publicó también sus conclusiones sobre los posibles efectos genéticos de la exposición a la radiación derivada del accidente de Chornóbyl (informe de 2001 del UNSCEAR).
En 2011, el Comité publicó un informe sobre los efectos en la salud de la radiación derivada del accidente de Chornóbyl (“Health effects due to radiation from the Chernobyl accident”, informe de 2008 del UNSCEAR, anexo D). Las conclusiones se basan en más de 20 años de estudios experimentales y analíticos sobre las consecuencias radiológicas del accidente de Chornóbyl para la salud de las poblaciones expuestas y para el medio ambiente. Los datos examinados, que comprendían numerosas mediciones dosimétricas y los resultados de varios estudios epidemiológicos analíticos, permitieron evaluar de manera exhaustiva los niveles de exposición humana y los efectos en la salud inducidos por la radiación en aquel momento.
En 2018 la secretaría del UNSCEAR publicó un libro blanco en el que se evaluaron los datos sobre el cáncer de tiroides en las regiones afectadas por el accidente de Chornóbylpara que sirviera como orientación para el programa de trabajo futuro del Comité Científico. En esa publicación se recapitulan las conclusiones anteriores del Comité Científico acerca de esa cuestión, se reúnen los datos proporcionados hasta entonces por los tres países más afectados (Belarús, Federación de Rusia y Ucrania), se resume la bibliografía fundamental del decenio anterior y se evalúan los casos de cáncer de tiroides que podían atribuirse a la radioexposición.
El Comité también resumió los datos radiológicos fundamentales de los accidentes de las centrales nucleares de Fukushima Daiichiy Chornóbyl en el informe de 2020/2021 del UNSCEAR, anexo B, apéndice B, en el que se compararon diversas características y consecuencias de esos accidentes.
En 2010, de conformidad con la resolución 62/9 de la Asamblea General, relativa al fortalecimiento de la cooperación internacional, el Secretario General presentó a la Asamblea General el informe “Optimización de los esfuerzos internacionales para estudiar, mitigar y reducir al mínimo las consecuencias del desastre de Chornóbyl” (A/65/341).
En 2019, el Secretario General presentó un informe en consonancia con la resolución A/RES/71/125 de la Asamblea General, relativa a las consecuencias que aún perduraban del desastre de Chornóbyl, que proporcionó información actualizada sobre los progresos logrados en cuanto a la aplicación de todos los aspectos de la resolución.